Euforia incontrolada
Ha habido ocasiones en mi vida en donde he tenido accesos de euforia incontrolada. Es decir, un estado de diversión extrema donde no soy capaz de controlar ni mi alegría ni mis risas, casi como si estuviera drogado. No estoy hablando nada más de momentos super divertidos, estoy hablando de algo más que eso, que francamente no sé ni como explicarlo, simplemente es algo que raya en lo insano. Y lo más curioso es que han sido disparados por cosas que pueden calificarse de nada divertidas. Este tipo de euforias son tan poco frecuentes que se pueden contar con los dedos de una mano.
Una de esas veces fue hace ya muchos años cuando fui a jugar Squash con mis hermanos. No sé ni siquiera por qué, pero ese día me divertí y reí tanto que estoy seguro que mis hermanos han de haber intercambiado miradas de extrañeza sobre mi inusual comportamiento. Otra vez fue todavía más joven, exactamente en 1996, cuando ví en MTV el video del soundtrack de la película Mission Impossible. Fue tanta mi alegría de saber que iban a hacer una película de dicha serie que me puse a brincar en la cama, cantando y gritando cual niño chiquito hasta las lágrimas, esa vez (por suerte) no hubo testigos. ¿Por qué un video sobre una película de acción me causó tanta euforia? La verdad es que no lo sé. Mision Imposible era definitivamente mi serie favorita de la infancia/adolescencia, pero nada de eso justifica mi euforia, simplemente sucedió.
Bueno, todas estas divagaciones salieron de que me acabo de dar cuenta de que después del episodio del Squash, que fue por ahí del 98, no he tenido ningún otro ataque eufórico hasta la fecha ... y los extraño. Por lo visto conforme voy creciendo dichos ataques se vuelven más esporádicos y eso no me gusta para nada. Esto no quiere decir que ya no me divierta, de hecho puedo presumir que prácticamente todos los días son geniales y divertidos de alguna manera, pero llegar a ese punto, donde ya te diviertes de la diversión misma y te deja de importar todo lo que te rodea cada vez cuesta más trabajo. Es lo mismo con el enamorarse, conforme uno crece y va recibiendo los reveses del amor se va haciendo uno cada vez más cuidadoso y ya no nos encandilamos tan fácil. Pero las cosas no deberían ser así. Sería verdaderamente genial el poderse divertirse siempre como cuando uno es niño y el poderse enamorar siempre como cuando uno es adolescente, sin dudas ni temores. ¿O no?
Una de esas veces fue hace ya muchos años cuando fui a jugar Squash con mis hermanos. No sé ni siquiera por qué, pero ese día me divertí y reí tanto que estoy seguro que mis hermanos han de haber intercambiado miradas de extrañeza sobre mi inusual comportamiento. Otra vez fue todavía más joven, exactamente en 1996, cuando ví en MTV el video del soundtrack de la película Mission Impossible. Fue tanta mi alegría de saber que iban a hacer una película de dicha serie que me puse a brincar en la cama, cantando y gritando cual niño chiquito hasta las lágrimas, esa vez (por suerte) no hubo testigos. ¿Por qué un video sobre una película de acción me causó tanta euforia? La verdad es que no lo sé. Mision Imposible era definitivamente mi serie favorita de la infancia/adolescencia, pero nada de eso justifica mi euforia, simplemente sucedió.
Bueno, todas estas divagaciones salieron de que me acabo de dar cuenta de que después del episodio del Squash, que fue por ahí del 98, no he tenido ningún otro ataque eufórico hasta la fecha ... y los extraño. Por lo visto conforme voy creciendo dichos ataques se vuelven más esporádicos y eso no me gusta para nada. Esto no quiere decir que ya no me divierta, de hecho puedo presumir que prácticamente todos los días son geniales y divertidos de alguna manera, pero llegar a ese punto, donde ya te diviertes de la diversión misma y te deja de importar todo lo que te rodea cada vez cuesta más trabajo. Es lo mismo con el enamorarse, conforme uno crece y va recibiendo los reveses del amor se va haciendo uno cada vez más cuidadoso y ya no nos encandilamos tan fácil. Pero las cosas no deberían ser así. Sería verdaderamente genial el poderse divertirse siempre como cuando uno es niño y el poderse enamorar siempre como cuando uno es adolescente, sin dudas ni temores. ¿O no?
Etiquetas: Pan con lo mesmo
<< Página principal